El teatro como oportunidad

Actualizado: 3 ago

Trabajo artístico y trabajo personal



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El Arte nos conmueve o zarandea, impacta en los núcleos del Alma humana y permite vislumbrar el misterio de lo que trasciende la esclavitud de nuestro Yo, invitándonos a ir más allá de nosotr@s mismos, ya en lo irreverente y jocoso, ya en lo sublime y sagrado, tanto en la comedia como en la tragedia.

El arte nos hace sentir más vivos, estar más vivos y también nos hace menos previsibles.

Decía Victor Hugo que la suprema felicidad de la vida es saber que eres amada por ti misma o, más exactamente, a pesar de ti misma.

El teatro es una oportunidad para conocerse, descubrirse, acercarse, asumirse, expresarse, ser y quererse por una misma y a pesar de una misma.

Podemos estar segur@s de que si nos embarcamos en la aventura de conocernos de verdad no siempre será grato lo que encontremos; y que ni de lejos somos el personaje ideal que nos hubiera gustado ser, sino algo mucho mejor: la persona real que somos.

Ser únicamente reales; que podamos desprendernos de nuestras imágenes sobre la persona que deberíamos ser, o nos gustaría ser, para ser la persona exacta que somos en cada momento, y asumirnos y tomar responsabilidad de ella.

La vida en su totalidad no concibe el desperdicio exige que todo tenga el lugar que le corresponde. De modo que la propuesta nos invita a ser reales, a ser lo que somos, a salir de nuestras estrechas fronteras y, por tanto, a extendernos y a serlo todo y, de ahí, lograr un salto paradójico: el de ser nada o adquirir una progresiva desnudez interior necesaria para ser y representar cualquier personaje en plena libertad y verdad, ya sea por las exigencias del libreto teatral, ya sea por las exigencias del libreto de la vida.

El espíritu, el misterio creativo y la inspiración soplan por igual para tod@s, pero lo hacen con más fuerza cuando encuentran menos oposición. El principal oponente para el fuego del espíritu es el Yo. Vivimos confinados en el Yo, nos limita y a la vez nos posibilita, nos define y a la vez nos aprisiona. El enemigo no sólo vive fuera, en un mundo competitivo y en ocasiones cruel, sino que también vive dentro: son nuestros propios puntos de vista, nuestra manera de sentir y entender el mundo. El yo es por tanto nuestra principal esclavitud. Y si de algo nos corresponde ser libres es sobre todo de nosotr@s mismos.

Para ello, el teatro nos sirve como oportunidad de ayuda, de liberación, de creatividad y flexibilidad, de acercamiento a nuestro ser. En este sentido, es una aparente contradicción misteriosa: la invitación a que seamos tanto, a que lo seamos todo, a que tengamos coraje para ello, lo que nos acercará paradójica y polarmente a ser nada. Seamos tanto que logremos desaparecer, logremos que el Yo calle y se extinga un poco para que resplandezca de nuevo el ser desnudo, capaz de darle a todo un lugar en su corazón, su estiramiento, su inflación del ego hasta que estalla: nuestro Yo declina y nuestro Ser brilla.

Abandona la pretensión y el simulacro, libérate del artificio. No basta con las formas, encuentra tu centro y entonces todo lo serás naturalmente, frondosamente. No hagas como que cantas, simplemente canta. No hagas como que juegas, simplemente juega.

El teatro como oportunidad es una invitación a regar nuestras vidas con experiencias y vivencias que nutran y amplifiquen nuestro ser.

El teatro como oportunidad de actuar, de hacer algo aunque no sepamos muy bien qué. Oportunidad de ensayar y equivocarnos. Oportunidad de desmontar esa parte nuestra que siente vergüenza, que sufre tal vez de un exceso de importancia personal. El teatro como oportunidad de hacer las cosas de otra manera, de obrar lo que deseamos y lo que tememos. Oportunidad de despegarnos de la pequeñez de yo, que a veces se nos fija como una máscara pringosa. Oportunidad de entrar en otras posibilidades, de encararnos con la dificultad y con el talento. El teatro como ocasión para reír, gritar, llorar, danzar y atrevernos a ser como nos da la gana, asumiendo nuestra espontaneidad y responsabilidad. El teatro como apertura, potencia, valor, ilusión. Como expresión personal y social que sacude el conformismo habitual y dignifica lo humano. El teatro políticamente incorrecto. El teatro para compartirlo con otros y ofrecerlo al público con entusiamo. El teatro como oportunidad de vivir la alegría como sabiduría del combatiente que, a pesar de no poder doblegar a su adversario, no renuncia ni resigna su potencia disidente.


"El teatro como oportunidad"

Mª Laura Fernández e Isabel Montero



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