Descubriendo tu voz

Actualizado: 3 ago


“Para que el fluido de la materia creadora pueda deslizarse por todo nuestro ser y tomar de nosotr@s los componentes más preciados de nuestra naturaleza total y extraerlos de lo más profundo de nuestra tierra personal, debemos primero romper las corazas que se interponen para que esta conmovedora posibilidad pueda ser realizada”.

Fedora Aberasturi




ORGANICIDAD: RITMO Y RESPIRACIÓN

Un camino hacia lo invisible


En la vía orgánica, arraigada, pues, en el cuerpo y vinculada a la atención vigilante dirigida al entorno, se parte del proceso; primero se trabaja para descubrir el impulso y por encima de este flujo vital se crea o aparece la estructura, es decir, el impulso precede (y conduce) la composición. En la vía no orgánica, caracterizada por la composición estricta de las posiciones corporales, primero se crea la forma y por lo tanto, la composición precede el impulso.


La aproximación orgánica se basa en las reacciones auténticas y orgánicas del cuerpo, acciones que tienen su origen dentro de éste. Todo el proceso empieza dentro. Su proyección exterior, en las acciones visibles, es sólo el final de este proceso.


Cada acción física está precedida de un movimiento subcutáneo que fluye del interior del cuerpo, desconocido, pero tangible. El impulso no existe sin el partner, no en el sentido de un/a compañer@ de escena sino en el sentido de otra existencia humana. O, simplemente, otra existencia. Porque para alguien podría tratarse de una existencia diferente de la humana: Dios, Fuego, Árbol.


Si esta conexión entre el proceso interior –un proceso real– y la acción se cortara, la acción dejaría de ser acción y se convertiría en un gesto: falso, muerto y rígido. Se tra- taría entonces de una ejecución mecánica. Por consiguiente, esta conexión será consi- derada la verdad de la acción, aspecto que se deberá redescubrir cada vez. Habrá que revivir el proceso cada vez. Vivirlo como nuevo y desconocido cada vez.


El proceso es como una corriente de impulsos comparable a un río, en continuo movimiento, que se descubre cada vez entrando en él y dejándose llevar por su flujo. Pero en el momento en que pensamos que ya lo conocemos y empezamos a buscar aquella idea preconcebida, el proceso morirá. Parece innegable que en el trabajo del actor y de la actriz siempre deberá haber alguna cosa desconocida, por descubrir: el misterio del arte del actor/actriz que es al mismo tiempo el misterio de la vida.

Por lo tanto, el proceso interior viene dado por la reacción auténtica frente a una existencia. Nos referimos a un encuentro con el otro, más allá de los estereotipos, donde participan la entrega, la revelación y la aceptación. Se trata de descubrirse, darse y recibir sin medida. El encuentro real entre dos seres es la esencia del teatro. Conociendo el misterio del otro, uno conoce el suyo propio. Y viceversa: conociendo el propio, uno conoce el misterio del otro.


El impulso orgánico sólo será posible en reacción a otra presencia, al contacto. Estos contactos, posibles sólo con una conciencia real de lo que nos rodea (y por lo tanto con una mente discursiva en silencio), forman una acción-reacción en el momento presente, o sea, una adaptación inmediata (sin el espacio para la decisión mental) y en relación constante con los cambios continuos del entorno. Sin este contacto directo el actuante se encontraría aislad@ de todo lo que hay fuera de él o ella, se convertiría en «cieg@ y sord@» a los millares de estímulos que se reciben continuamente, situándose en una dimensión mecánica del plano de la acción o plano horizontal, dimensión que hay que trascender para descubrir la dimensión orgánica.


"Un@ tiene que romperse en pedazos…para encontrarse, por fin, con ese SER, sensible y resonante que habita en su interior."

Gabrielle Roth


El cuerpo es memoria; es toda nuestra vivencia y, al mismo tiempo, va más allá de nuestra vida o memoria personal. Toda la existencia humana está inscrita en nuestro cuerpo, por lo tanto, habría que redescubrir aquello que ya somos pero que no recordamos. En el acercamiento orgánico se tratará, pues, de liberar el «cuerpo-memoria», es decir, dejar hablar al cuerpo, que de esta manera nos guiará en el descubrimiento de una corporalidad desconocida, de una voz desconocidad, quizás olvidada, una memoria ancestral que nos vincula al origen, a la esencia.


La acción orgánica viene del cuerpo y no de la cabeza, no es pensada sino vivida ple- namente y está profundamente vinculada a las fuerzas de la naturaleza y a los impulsos vivos. Una expansión que es pura percepción, como la acción de un animal salvaje que perseguido por su depredador se encuentra inmerso en un estado de vibrante presencia en todas y cada una de las células de su cuerpo.

Este movimiento armonioso no es elaborado de antemano, es la expresión de un proceso real donde la totalidad del ser está plenamente involucrada en la acción. Esta armonía es el esfuerzo sin esfuerzo o la relajación en la acción. Nos encontramos ante la expresión natural, no buscada. La manifestación de un fenómeno que se origina bajo la piel, que se desarrolla y, traspasando el organismo, se convierte en acción viva.

Esta acción se convierte en percepción viva. Una percepción que viene de todos y cada uno de los poros del cuerpo y que aporta vida. En el curso del proceso orgánico, la mente discursiva –es decir, la mente tal como la conocemos, un conjunto de pensamientos centrados en el «yo» exterior– se va silenciando, observando de una manera más distanciada, dejando aparecer una fluidez y una continuidad del movimiento, como un flujo de vitalidad que se manifiesta a través de la acción y que nos conecta con esta fuente que parece provenir de algún lugar más allá de nuestro cuerpo.

Este rico canal, sin embargo, se muestra en los humanos –en la mayoría de los casos– bloqueado a causa de los condicionamientos sociales, culturales, educacionales. Para re- cordar el camino de vuelta al estado original, pues, habrá que romper con la meca- nicidad de la vida cotidiana.

Así, el/la actuante, en el intento de restaurar la conexión perdida con el flujo interior, se deberá alejar de aquella parte de sí mism@ que se ha convertido en lo que es a partir de las influencias externas, las cuales nos han educado la percepción y nos privan de ver más allá de la realidad cotidiana, más allá del pensamiento mecánico, de las emociones reac- tivas y de los hábitos aprendidos.

Y es que vivir en esta máscara creada por causas exteriores es vivir en la personalidad (como contraposición a la esencia); es estar bajo el control de la sugestibilidad y las respuestas automáticas habituales, construidas en los sistemas del condicionamiento social, en un estado de identificación plena con nuestras emociones, humores y pensamientos. Un estado de confusión en el que es imposible la acción orgánica.


¿Qué es la organicidad? Es vivir en armonía con las leyes naturales, pero a un nivel primario. No se debe olvidar: el cuerpo es un animal. La organicidad está vinculada al aspecto-niñ@. La/el niñ@ es casi siempre orgánico.

La/el niñ@ percibe de manera directa, inmediata, con una visión clara y sin juicios. Para ell@s no hay futuro ni pasado, sólo el presente es real. Lo que experimentan es siempre por primera vez. Estar en el principio es permitirnos estar realmente en lo que hacemos, en lo que percibimos y en lo que descubrimos.


Una vida extraordinaria se abre entonces ante nosotr@s, un mundo lleno de estímulos y miles de detalles que sólo podrá percibir una mente con el espacio suficiente para abrirse al contacto real con el ahora y aquí. Tan sólo una mente en silencio, libre de todo juicio y liberada de las emociones nos permitirá escuchar y ver en profundidad. Se trata de una invitación a salir de un@ mism@, alejándonos del molde social con sus prejuicios y lecciones aprendidas que actúan como filtro de la percepción, para recibir la vida de manera plena, sin ningún tipo de barrera, sin anteponer ningún juicio, sin etiquetar antes de recibir; manteniendo una lucha para evitar recibir contenidos que un@ mism@ etiqueta y encasilla, en vez de presencias vivas y permanentemente cambiantes y que, por lo tanto, cada vez reclaman, con su misterio, ser redescubiertas de nuevo.


Vivimos en una época en la que nuestras vidas interiores están dominadas por la mente discursiva. Esta porción de la mente divide, secciona, etiqueta –empaqueta el mundo y lo envuelve como «conocido». Es la máquina que hay en nosotros que reduce el misterioso objeto que se balancea y se ondula en simplemente «un árbol».

El peligro es que limitamos, reducimos, enjaulamos a esta persona, viendo sólo lo que deseamos ver o somos capaces de ver.

Esta reducción transforma nuestra visión en una visión general y superficial donde todo pierde su individualidad, donde todo pasa a llenar el saco de lo conocido convirtiéndose en tan sólo una proyección de lo conocido. Dejamos, pues, de ver en detalle, convirtiendo aquello único en una imagen conocida, convirtiendo las presencias en contenidos. Conducidos por los hábitos y comportamientos ligados a la memoria, vemos a través de un velo y, sin lugar a dudas, dejamos de ver realmente. Dejamos de percibir de manera directa y por lo tanto nuestras acciones dejan de estar en una relación real y orgánica con el entorno, volviendo así al estado cotidiano de ceguera y sordera. Vivir el presente sin premeditación será el gran reto, en el teatro y en la vida.


Awareness significa la conciencia que no está ligada al lenguaje (la máquina de pensar) sino a la Presencia. Es decir, una dimensión más profunda de la conciencia, vinculada a la mirada serena y tranquila y no a la mente discursiva, eso es, vinculada al estado original del ser humano donde todo es absorbido en la luz de esta conciencia.


Existen dos polos diferentes: el del instinto y el de la conciencia. Normalmente nuestra cotidianidad provoca que estemos entre los dos, y no seamos ni totalmente animales ni totalmente humanos, nos vemos movidos confusamente entre los dos. Pero en las técnicas tradicionales verdaderas y en las «performing arts» verdaderas, un@ mantiene estos dos polos extremos al mismo tiempo. Eso significa «estar en el principio», «estar de pie en el principio». El principio es tu naturaleza original, presente ahora, aquí. Tu naturaleza original con todos sus aspectos: divinos o animales, instintivos, apasionados. Pero, al mismo tiempo, debes mantenerte vigilante con tu conciencia. Y cuando más estás «en el principio», más debes «estar de pie». Es la conciencia vigilante la que hace al ser humano. Es esta tensión entre los dos polos la que da una plenitud contradictoria y misteriosa. Y es en la intersección de estos dos planos, el del instinto y el de la conciencia, cuando emergerá el proceso creativo. Punto donde confluyen dos procesos, el humano y el artístico, el flujo interior y el rigor.


Así, podemos decir que el proceso de transformación del «yo» vinculado a la per- sonalidad en el «yo» interior, proceso «yo- yo», empieza con la percepción consciente. Una percepción que, como hemos visto, se extiende por todo el cuerpo, el cuerpo como un gran resonador, y que mantiene una conexión profunda con la mirada hacia el mundo interior. En este proceso, la percepción se convierte en conciencia. Cada poro de la piel se convierte en un ojo.

Cabe decir que es necesario un pleno desarrollo de la atención para que el proceso se con- vierta en un flujo continuo de percepción consciente; una atención que no tan sólo rodea sino que penetra. A partir del desarrollo de la atención y de la escucha hasta niveles realmente sutiles, el/la actuante será capaz de escuchar su cuerpo (animal/aspecto instintivo) y no interferir en su diálogo con el espacio. Esta es la acción con un reposo interior, la acción orgánica, que implica una mirada hacia fuera y hacia dentro al mismo tiempo.

Este sentirse un ser vivo plenamente, totalmente, es la consecuencia de la presencia en los dos extremos del estado original. Por una parte, plenamente vinculado a la acción orgánica, este aspecto animal o instintivo en el que el cuerpo está receptivo, alerta y disponible, adaptándose continuamente a los cambios del entorno; de la otra, ejecutando meticulosamente desde la mirada silenciosa la línea de acciones con plena conciencia de los detalles, y observando en la quietud interna este viaje interior ascendente hacia la presencia silenciosa.


EL PRIMER SONIDO


Si conseguimos que la mente deje de dar indicaciones al cuerpo sobre cómo interpretar el canto o un texto, el cuerpo podrá empezar a hablar por sí mismo manteniendo un diálogo con los estímulos provenientes del canto o del texto. Un estado que, pese a no ser el ha- bitual, se puede reconocer como «natural» cuando uno lo experimenta y permite al cuerpo volverse vivo con sus impulsos plenamente vinculados a la acción. Estos impul- sos, que aparecen en la reacción orgánica al canto, son los que transportarán el canto en un diálogo entre la corporalidad y el propio canto.


Es siempre el canto-cuerpo, no es nunca el canto disociado de los impulsos de la vida que corren a través del cuerpo; en el canto de la tradición ya no se trata de la posición del cuerpo o de la manipulación de la respiración sino de los impulsos y de las pequeñas acciones. Porque son exactamente los impulsos que corren por el cuerpo los que llevan al canto y al texto.


Para el descubrimiento de las cualidades vibratorias del cuerpo y un posible desarrollo del trabajo sobre éstas, descubriendo las resonancias específicas de cada canto o texto, se pide una precisión total en su memorización y un trabajo de repetición que favorece la aparición de las posibilidades. Podemos considerar cada canto o texto como un flujo sonoro, más allá del lenguaje verbal, que se puede redescubrir a medida que se trabaja de manera detallada sobre su resonancia y sobre los impulsos vivos que aparecen en relación al canto y al entorno, y su manifestación en las acciones; a medida que el canto o el texto se repite y desciende por el organismo se va desarrollando su resonancia.


En este proceso concreto que evocaremos en este workshop provoca una implicación específica del actuante, despertando y amplificando espacios internos, desconocidos hasta entonces, que provocarán reacciones más allá del ámbito físico. Durante este trayecto el actuante se hace más permeable a las cualidades vibratorias del canto o el texto elegido permitiendo la activación de potentes centros de energía en su interior. La voz se convierte, entonces, en la voz de la acción interior, la voz de un proceso real.


La vibración del sonido es una potente herramienta que toca y activa centros energéticos dentro del cuerpo, liberándolos; situamos algunos de estos centros en el plexo solar relacionándolos con la fuerza vital y, en el área del pecho y de la cabeza, vinculados a energías más sutiles. Las cualidades vibratorias se convierten en una delicada danza interna abriendo espacios y activando diferentes cualidades de energía.


Hemos visto, pues, que para acceder al estado original es necesario que la acción horizontal (estructura, línea de acciones) y la acción vertical (acción interior) se den a la vez y que sus procesos sean simultáneos.



"Hablar es parte de un todo: la expresión de la vida interna."

Cicely Berry


Como tal es un mito, ya que no existe eso de una buena voz. No hay ningún camino derecho - sólo hay un millón de caminos incorrectos, que son erróneos sólo porque niegan lo que de otra forma se consigue. Los malos usos de la voz son aquellos que reprimen los sentimientos, que frenan la actividad, que embotan la expresión, que se salen de la idiosincrasia, que convierten en general la experiencia, que agreden la intimidad.

Estos bloqueos son múltiples y son el resultado de hábitos adquiridos que han llegado a formar parte del automatismo del aparato vocal; desconocidos e inadvertidos, se acomodan en la mitad del camino entre la voz que tiene el actor o la actriz y la que en realidad es, y no están dispuestos a desaparecer por sí sólos. Por lo tanto, trabajar no consiste en cómo hacer sino en cómo permitir: ¿cómo, de hecho, le cedo libertad a la voz?. Y puesto que la voz viva brota de la emoción, los ejercicios técnicos monótonos, aburridos y poco inspiradores nunca podrán ser suficiente.


Debes confiar en tu propia voz, porque sólo entonces obtendrás lo mejor de ella.




NECESIDADES PREVIAS PARA NUESTRO WORKSHOP:

El/la participante empieza su práctica desde casa, eligiendo una canción concreta que le resuene profundamente y un poema. Luego los memoriza de manera precisa, neutral y fluida. Dicho material me lo hacéis llegar en la mayor brevedad de tiempo posible por email a mintakaclub@gmail.com. Gracias.






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